¡Buenas noches! “soledad”

Edición Diseño y Fotografía: Carolina Guzmán Sánchez || @CarolJAngel
Redacción: Ana Pérez Sánchez  Linkedin Facebook

Ahondar en el sentimiento de pérdida del que suele decirse que sufre más la mujer que el hombre, es una apuesta elegante para aquellos que aun creen que la sobreprotección es exclusiva de lo masculino. El amor no conoce de fronteras psicológicas, emocionales, culturales, biológicas y mentales… Solo es Amor.

Querida María:

Te echo tanto de menos, que a veces siento que el pecho se me va a abrir en canal dejando mi sangre correr por todo el suelo. Y aún con todo y con eso no sentiré nada, seguiré teniendo esta desazón que tú me has dejado y que hace invisible cualquier otro dolor.

Te fuiste cuando llegó el frío. Los más previsores estaban ya colgando los adornos navideños en sus casas y yo solo tenía tiempo para echarte infinitamente de menos. Te quería tanto que hubiese apostado mi vida entera a cambio de nada más, pero tú te fuiste antes de que empezáramos a jugar. Qué mala idea…

El telediario sigue siendo un manual práctico sobre cómo aprender a llorar; ayer justo decían algo sobre un señor que mató a su esposa a base de tristezas, que no sé cuántos niños mueren con la boca abierta y la barriga vacía y que a muchos mayores dejo de importarles ya, pero todas las malas noticias del resto de la humanidad quedan enmudecidas por tu ausencia. Supongo que me he metido tanto en mi tristeza que no logro ver la de los demás. Me has convertido en un egoísta, uno que se pasa todo el día acicalando su propia pena.

No entiendo por qué te has ido y me has dejado sin nadie a quien culpar, el caso es que, sin ti, la vida y la velocidad con la que titubean mis relojes me da miedo. Me dan miedo las mañanas, cuando amanece, y hay un hueco insalvable en la cama; las tardes, cuando el sol se hace el escurridizo y, sobretodo, la noche, con su enorme luna plateada iluminando todos los rincones de esta casa en la que tú ya no estás nunca más. Me da miedo la tristeza, que cada vez me visita más; me da miedo esta soledad que se ha pegado a mis costillas y no me deja respirar. Flaquean mis ganas en cada intento y menguan mis ilusiones, que ahora no sabría ni reconocer.

Te sigo viendo en cada gesto del revés, en todas las sombras que ahora ocupan nuestro hogar, en las aceras cuando acaba de llover, en los cristales de los escapares de las floristerías… Te veo cuando cierro los ojos, cuando duermo, cuando ni siquiera pienso en ti, cuando me canso de quererte, cuando te odio por haberte ido… Te veo siempre, y pareces tan real que siempre intento atraerte hacia mí, y te desvaneces, y me hago el sorprendido.

Créeme si te digo que estoy intentando olvidarte, pero a veces el propio olvido me agujerea las entrañas y, aunque me convenza de que merece la pena si con eso logro no recordarte, no puedo auto engañarme, y es que estoy siempre dispuesto a beber cualquier mal trago si con eso consigo imaginarte. Y entonces, cuando logro verte como si continuaras en este mundo, intento dormirme para poder mantener viva la absurda idea de despertar contigo, pero entonces me desvela alguna que otra estrella en huelga de hasta siempre indefinidos, en una de esas noches en la que todos los corazones se quedan paralizados por las decenas de te quiero caducos que pronunciamos.

Pretendía escribirte una carta de amor como nunca antes se había escrito para que cuando la leyeras no tuvieras más remedio que volver, estés donde estés. Pero esto es lo que ha salido, llámalo como quieras, aunque tú sabes que es mucha nostalgia, muy poco olvido… Hablo de ese amor que no se compra y sin embargo se entrega al mejor postor, de un poquito de tristeza y de alguna que otra pregunta sin respuesta. Pero sobre todo de amor, de ese que tratamos de imperecedero, aunque las personas que lo practican nunca lo son.

Me gustaba el borrador que había hecho de mi vida en mi cabeza, los planes siempre nos dan la espalda cuando más los necesitamos, pero tú… Yo pensé que estarías siempre a mi lado, hablándome bajito, cogiéndome la mano y lamiéndome los quejidos. Habría jugado a hacerte feliz hasta que estuvieras cansadx de reír, te habría querido más allá de lo humanamente posible, siempre, sin medida, sin facturas, sin deberes y no por obligación. Ojalá te hubiese dicho todo esto, y también que los días y las noches son una misma cosa de ceniza, sin luz ni motivación, cuando tú no estás.

Todo te lo habría hecho saber de buena mano, en primera persona, si no me hubieses dejado, aquí, a un lado aparcado, siendo la viva imagen de una pausa infinita. Qué mala idea tuviste cerrando los ojos, queridx, qué mala idea acabar con mi vida sesgando la tuya primero.

Luis Valiente

***

Nuestro film recomendado de la semana es: A single man (2009)* es la primera película dirigida por Tom Ford, hasta entonces conocido por su trabajo como modisto de Gucci. Adapta la novela de Christopher Isherwood Un hombre soltero, obra que resultó muy innovadora en el momento de su publicación (1964) por presentar la vida cotidiana de un homosexual, hasta el punto de considerarse un hito en el movimiento de liberación gay

*(Tomado de Wikipedia)

ATENTAMENTE:

UN MACHO QUE EXTRAÑA LA COMPAÑÍA DE UNA NOCHE PERFECTA Y UN DÍA ETERNO DE SONRISAS.

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