¿Qué se hace cuando falla el Plan A?

Edición: BP||Directorio     Modelo: Eli Luna || Fotografía: @CarolJAngel
Redacción: Irene Jimenez Garcia Perfil

Desde pequeña tenía bien claro que cuando cumpliese la mayoría de edad saldría de la casa de mis padres.

 

Mi infancia en el pueblo no fue feliz, y mi carácter rebelde durante mi adolescencia chocaba demasiado con la personalidad conservadora del siglo pasado de mi padre. Así que en cuanto se me presentó la oportunidad, volé de allí para encontrarme con mi sueño y mi vida.

Encontré trabajo en la hostelería en una ciudad cercana a la mía, con playa, buen tiempo y mucho ocio nocturno. Empecé sirviendo mesas en restaurantes. No era muy agradable: malos jefes, malos sueldos, y aguantar a borrachos. Aguanté lo que pude hasta que salió otra cosa. Me fui a una pizzería como cocinera, y con el tiempo, llegué a encargada del local. Con lo que ganaba me compré una cámara de fotos profesional, una réflex. Siempre me habían llamado la atención, y me propuse aprender a sacarle partido.

En seguida me salió un trabajo como fotógrafa, también en un restaurante con grandes salones donde se celebraban bodas, bautizos y comuniones. Era fotógrafa de la BBC. Trabajaba solamente los fines de semana y ganaba bien. Entre semana tenía tiempo libre y me sacaba algún dinerillo extra vendiendo marihuana que me traía del pueblo cuando iba de visita alguna vez. Pasé unos años borrosos, entre el alcohol, los porros, las fiestas y la gente nueva a la que conocía cada día.

Pero un día el restaurante dejó de dar beneficios, y me echaron. Como no tenía contrato fue tiempo que no coticé así que no me quedaba ningún subsidio ni ayuda por desempleo. Ya tenía 24 años, y me di cuenta de que me había llegado la hora de estudiar.

Empecé la universidad más tarde que la mayoría de mis compañeros, y en ese ambiente propio de instituto yo no encajaba. Así que me dediqué a lo que realmente había ido: saqué la mejor versión de mi, me comí los libros, y gracias a mis buenas notas enseguida pude empezar a compaginar los estudios con becas de prácticas.

En mi etapa en la universidad fue cuando me di cuenta de lo que realmente quería ser en la vida.

Quería quedarme haciendo investigación y docencia. Quería ser profesora universitaria e investigadora. Tenía muy buenas notas, que es el principal requisito para conseguirlo. Pero después de los años de formación tenía que cursar un ciclo de especialización antes de poder entrar en el doctorado. Me informé muy bien, hablé con profesores, consulté cada paso que tenía que dar y me propuse cumplir mis metas.

Con los estudios terminados necesitaba dinero para matricularme en el siguiente ciclo, así que decidí ponerme a trabajar de nuevo para cumplir mis sueños. Pasé dos años ahorrando cada moneda que llegaba a mi bolsillo, sin salir a cenar con las amigas, sin comprar ropa nueva, sin hacer viajes. Todos mis calcetines estaban llenos de agujeros por no comprarme nuevos, y en lugar de pagar la cuota mensual de un gimnasio empecé a correr al aire libre y a hacer abdominales en casa.

Cuando llegó el momento al fin de iniciar los trámites para gestionar lo papeles y volver a la universidad, algo falló en mis planes. El ciclo al que yo quería acceder no podía acogerme. La formación de la que yo provenía no daba acceso a ese tipo de estudios, y por ello quedaba automáticamente excluida.

Con ello, además, perdía la posibilidad de estudiar becada con una ayuda para investigar que en un futuro me daría puntos a la hora de solicitar el doctorado y al fin ser profesora.

Alcanzaba mi sueño con la punta de los dedos y de repente… desperté en una pesadilla.

Había pasado mucho tiempo planificando lo que iba a estar haciendo cada mes de los próximos años y como después, al llegar al final de ese camino, yo sería profesora en la universidad. Por mi cabeza no pasaba siquiera la posibilidad de que esos planes se truncasen, así que no se me ocurrió contar con un plan B por si me fallaba el A. Además, si yo quería ser profesora universitaria, no necesitaba una vía alternativa porque si lucho por mis sueños tengo que conseguirlos.

Eso nos han dicho a todos desde pequeños, ¿verdad?

De repente un trámite absurdo al que ni siquiera había prestado atención me dejó sin opciones. Y el mundo se abrió ante mi. Me di cuenta que ya no podría ser lo que quisiera ser de mayor como siempre nos preguntan desde pequeños en la escuela.

¿Y ahora qué?

¿Ahora a fabricarme de la nada un Plan B?

 

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