Masaje Tailandés

Edición: Psicóloga Carolina Guzmán Sánchez ||Encuentrame en Doctoralia
Modelo: Eli Luna || Fotografía: Carolina Guzmán “Alias”Carol J Angel

Capaz de luchar por llevar la vida que ha querido. Esta historia narra la vida de una chica que está cómoda consigo misma y con su forma de entender la vida, y eso impresiona mucho en alguien tan joven (tiene 20 años). Muchas personas pueden no compartir sus inquietudes, y aun así, merece una gran admiración que ella haya salido del camino que debería haber recorrido para crearse el suyo propio.

 

Con apenas 15 añitos recién cumplidos, Desideria ya supo que no quería seguir estudiando. La escuela no se le daba bien: no entendía las matemáticas, no era capaz de memorizar la historia, ni le gustaba la literatura. Ella quería ser libre, volar, dejar la jaula del pueblo pequeño en la zona rural donde había nacido.

A esa edad, sus padres se oponían a que dejase los estudios y se embarcase tras la incertidumbre de la vida que quería vivir. Pero Desi había tomado su decisión.

 

Con el poco dinero que tenía sacó un vuelo solo de ida en una agencia de viajes. Sabía lo que quería en su vida, y quería perseguir esas ilusiones. En una mochila guardó lo que necesitaba para mantenerse, cuatro cosas básicas, y subió a un avión con rumbo a la isla más exclusiva de su país México.

 

La noche que llegó durmió en la calle. No conocía a nadie, ni el lugar, y no sabía a dónde ir. Por suerte era verano y no hizo muy mal tiempo, no pasó demasiado frío. Se despertó con las primeras luces del alba y una enorme sonrisa se dibujó en su cara al ver el mar, respirar la brisa marina, y sentirse sin ataduras.

 

Anduvo por la ciudad, observando a la gente, dejándose admirar por los colores, los sonidos, las luces y el ambiente de su nuevo hogar. Conoció a un grupo de chicos en una plaza que se ganaban unas monedas haciendo pompas de jabón gigantes y bailando diábolos y cariocas para deleite de los más pequeños. Y a ellos se unió.

 

Pronto aprendió a hacer malabares con fuego también, y el dinero que ganaba era más que suficiente para tener una habitación propia y comer cada día. Desi era feliz, sin horarios, sin rutinas, sin responsabilidades, sin estrés.

 

Llegó el invierno, y el turismo desapareció. Desi tuvo problemas porque ya no ganaba tanto como antes, y porque había tenido que pagar alguna multa de la policía, que no permite a artistas callejeros ejercer allá donde quieren ubicarse. Pero había conocido a un chico, y decidió vivir con él. Así los gastos serían la mitad, ahora que los ingresos menguaban. Aunque, al vivir en una zona de ocio, pronto se dio cuenta de que a él le gustaba demasiado ese ambiente, y las drogas.

 

A mitad de ese invierno, Desi vio que necesitaban dinero. Así que salió a buscar trabajo. No le costó mucho encontrarlo, ella es joven, espabilada y muy guapa. Pronto empezó a trabajar como comercial para una compañía de gas, llamando puerta a puerta a cada vivienda de la isla paradisíaca. Hacía muchos contratos, y como su sueldo tenía comisiones, ganaba bastante dinero. Pero también recibía otro tipo de ofertas con las que obtener dinero rápido y fácil: una chica tan mona, recorriendo los barrios de una ciudad orientada al ocio, no tardó mucho en empezar a atender a otro tipo de clientes. A Desi le ofrecían mucho dinero por ir de casa en casa y deleitar a los hombres que conocía.

 

Una vez tuvo miedo. Uno de esos hombres había tomado drogas y se puso violento con ella. Y Desi decidió que era el momento de cambiar de nuevo.

 

Entonces encontró un nuevo empleo como camarera en un hotel. En verano no para de servir mesas, recoger platos y abrir botellas de vino. En invierno está más tranquila, solamente trabaja los fines de semana, pero gana lo suficiente como para llevar la vida que quiere.

 

Apenas hace un año que tiene este empleo, pero Desi es un alma libre, necesita sentir que vuela. Ella dice que no le gusta estudiar y que jamás volvería a los libros, que ella lleva la vida que quiere. Su hermana se ha mudado hace poco a vivir con ella, buscando seguir su camino.

 

Ahora acaba de cumplir 20 años. Ya quiere dejar el puesto que tiene en el hotel. Ahora está pensando en viajar a Tailandia. Un amigo quiere pasar el invierno allí, y han hablado de ir juntos. Les han dicho que en la isla se paga muy bien a los masajistas que hacen “masajes tailandeses” que son masajes con “final feliz” como lo llaman ellos entre risas. Quieren montar un negocio de masajes, ir a las casas de la gente con mucho dinero, hacerles el servicio, y terminar haciéndoles una paja tailandesa.

 

Desi no sabe la diferencia que habrá entre masturbar a otra persona como ella sabe hacerlo, o a la tailandesa. Pero está tan emocionada con la idea, que de nuevo su sonrisa brilla iluminando su cara cuando habla de sus planes inmediatos.

 

Sabe buscarse la vida. Y seguro que le irá bien.

 

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