Cuando las amigas dicen que es un bipolar fuerte

Edición: Psicóloga Carolina Guzmán Sánchez ||Encuentrame en Doctoralia 
Modelo: Eli Luna || Fotografía: Carolina Guzmán “Alias”Carol J Angel

 

Me despierto. Abro los ojos. Un nuevo día. Inspecciono el cielo y compruebo que no está todo azul. La casa está fría y vacía, igual que yo. Me concentro en los ejercicios de respiración y meditación que mi prima me manda por chat, a ver si hacen algún efecto.

Me tomo un vaso de agua con limón, apago la alarma y voy al baño. Me evito frente al espejo, pero desde el rabillo del ojo me encuentro, me busco, me veo. Decido mirarme, casi que confrontándome y hago un escaneo digno de detective: Pelo de pájaro, piel seca, dientes sanos, labios rotos, nariz de siempre. Ojeras. Bolsas. Ojos. Ojos planos. Ojos café, como dice el pasaporte. No mas que eso. Mis ojos no son más que un color. Me miro, debato y peleo. Esto no se trata de un problema de querer tener labios color cereza, piel de durazno, y pelo color miel, cómo un cóctel de frutas. Se trata de la mirada que encuentro al otro lado. Fría, rabiosa y plana. Lo grave de todo esto, es que esa mirada es la que me doy a mi misma una y otra vez. Me meto a la ducha. Sospecho que algo debe cambiar.

La casa esta fría porque estoy viviendo acá hace menos de 3 semanas. Durante dos años jugué a las muñecas y armé una buena casa junto a él. Como el resto de parejas íbamos los sábados al Hipermercado local a llenar juntos el carrito de mercado patéticamente. Él me decía todas esas cosas trilladas que se leen por ahí, mientras yo silenciosamente sospechaba de sus palabras. Él me subía y me bajaba, me compraba cosas que yo no necesitaba, terminaba metida en conversaciones que no me interesaban, cuando yo necesitaba hablar y llorar, él justo tenía una conversación importantísima, espérame nena.

Sentí el vacío. Mejor, el vacío me aplasto.Decidí alejarme. Romper todo. No ser una mujer que se queda por facilidades, comodidades, y buenas posibles resoluciones. Decidí dejarlo todo, y dejarlo a él. Dicen que así son las cosas importantes, de sopetón y sin anestesia. Así lo hice. Hice las cosas como aprendí desde pequeña; a cuidarme de la manera que nadie nunca más lo haría. A irme de donde me siento incómoda. Encontré que la soledad y el silencio eran mi premio de consolación después de todo esto.

No fue una ruptura fácil. Mis amigas dicen que es un bipolar fuerte. Que está loco. Que cómo puede ser posible que hayan hombres sueltos por ahí así. En cada uno de mis relatos, incluyo frases como “es mi culpa”, “me lo busque” “odio ser este tipo de mujer” “lo veía venir” “siempre le perdoné todo, hasta que me hizo mierda”. Me culpo por todo. Por lo bueno o lo mano. Porque era el más bacan, generoso y divertido, después entre hilos decolorados y muy finos el más manipulador, el que me gritaba palabras de telenovela mientras se le escurrían las lagrimas y le temblaban los labios. Culpa culpa culpa. Tonta por creer, validar, pensar, y muchos otros verbos que me lastiman. Me lastimo más, como si con la agresión de macho resentido con ego de zeus no fuera suficiente.

Empiezo a reconocer que todo esto es extremo y fuerte, alguien que quiero me dice que nadie, nunca, bajo ninguna circunstancia me debe generar miedo, y yo no soy una chica a la que tiembla fácil la mano.

Necesito estar de mi lado y ser mi aliada. No darme sablazos por estar haciendo lo que puedo, y más bien reconocer que soy lo suficientemente valiente para haberme salido de un lugar que intuí peligroso. Que no me importó nada mas que protegerme a mi misma y poder dormir tranquila. Que no todo siempre fue así de malo, y si hubo grandes momentos de felicidad abundante, solo que se secaron, se transformaron en otra cosa. Dije basta y pare. Por reflejo hay veces me pregunto como estará, que será lo que salió tan mal en su infancia que lo dejó así, pero después vuelvo (me culpo más por ser tonta y preguntarte esto)pero vuelvo y me encarrilo, no es problema mio. Empezar de cero, con casa vacía, cielo nublado, corazón roto y asustado, pero con fuerza.

Pasan los días y las semanas. Resulta ser el verano mas intenso de los últimos años en la ciudad, entonces por el cielo nublado no me puedo quejar. Necesito aprender a ver la oportunidad de una casa vacía como un excelente pretexto para redecorar, para tirar lo que no sirve y reducirme a lo que quiero y sobretodo necesito. Llego a la conclusión que mi corazón es mi única salvación. Con mucha calma, empiezo a mirarme con más tolerancia. Creo que mi mamá diría que eso es compasión. No tiene nada de malo equivocarme y aprender. Ya se que nunca más tengo que permitir a, b y c. Por lo menos aprendí la lección! No tengo que tener rabia por que me hayan lastimado. Sí, lo permití, es verdad, pero me puse los tenis y salí corriendo apenas pude después de dar una patada de ninja. Ya no me golpeo con el “como fui tan tonta” sino que lo remplazo con un “me parece que he sido fuerte”. Remplazar unas buenas palabras por las que me hieren.

No tengo problema con tener el pelo despeluzado y la piel seca. Pero si con ojos planos y secos. Descubro que me empiezo a perdonar, y ellos se empiezan a transformar. Casi como magia. Casi como amor.

Por Lucía Cortéz
contacto@revistapazcana.com

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