El derecho a sentirme bien

Fotografía @CarolJAngel 
Redacción: Carolina Guzmán BlogPersonal

 

Sentirme bien, sentirse fenomenal y que tal? ¡mejor que nunca!

 

La psicología humanista desde los años 60’s del siglo pasado, ha aspirado llegar a entrenar personas desde el reconocimiento de sus virtudes, talentos, capacidades propias y habilidades aprehendidas con el objetivo de que cada se dentro de su individualidad, se reconozca como un ser único, valiente y capaz de lograr cada una de las metas colocados así mism@ a lo largo de un proceso de entrenamiento y superación. Sin embargo, el esfuerzo ha sido en vano.

Ya han transcurrido al menos casi 5 décadas de esta ambiciosa propuesta y lo más alcanzado en el mercado son ventas de libros, audiolibros (ahora se pueden descargar sin pagar una moneda) que mencionan tips, consejos, sugerencias de “Autoayuda” pero nadie realmente se auto-ayuda cuando en ese proceso desconoce que su humanidad esta conectada con otra y con otra y así como una cadena infinita.

Se ha olvidado, o mejor, en la gran soberbia latina, se desdeña que para la responsabilidad en el proceso de crecimiento personal, frecuentemente se puede necesitar ayuda existencial especializada, es decir, se requiere de un/a psicólogo/a terapeuta entrenado/a y certificado/a

Existen modelos psicológicos mayormente conocidos, que a diferencia del humanismo que desarrolla su dinámica partiendo de la idea principal acerca de la salud como tendencia actualizante proponen partir desde la enfermedad. Esto es típico del psicoanálisis, subrayando diagnósticos de trastornos, propuesta de invalidez o paciente señalado como el punto de partida tortuoso hacia la salud y de esta manera, tomar responsabilidad en la existencia. Mientras que el conductismo, otro modelo de terapia psicológica, atribuirá al entorno o contexto la mayor responsabilidad de actuación por parte del sujeto adaptado o inadaptado.

El humanismo, reconoce los desmanes y desgastes naturales de la anatomía y fisiología humana pero no por ello, se enreda tratando al paciente desde su enfermedad y como la adquirió, todo lo contrario, lo que le interesa al humanismo es cómo desde ‘ese lugar en el presente’ en el que se encuentra el individuo, se pueden trazar metas de establecimiento de objetivos de bienestar.

Hay que encontrar la manera de sentirnos valiosos e importantes sea para si mism@ y también, en equilibrio con otros. Mantener como metas de orden en la vida el bienestar emocional, la correspondencia equilibrada de cariño y ternura, el buen humor, son conceptos fundamentales para estabilizar un sistema inmunológico que en algunas ocasiones se amarga, se debilita, se contrae por las múltiples e incomprensibles obligaciones que nos colocan sobre los hombros, el día-día, la publicidad que nos ordena desde los diferentes medios ‘comunicativos’, la tendencia de moda fashionista: el ‘tener que encajar si o si’, el ‘no ser el correcto’ Hay que desistir de la idea de ‘uniformacion’(palabra que proviene de información y de uniformar que significa: objetivo igualar a todos suprimiendo los sueños individuales)

 

¿Qué te parece la idea de que tomes en serio el derecho a sentirme bien?

 

El derecho a sentirme bien, no es una protesta a grito herido. Es un llamado a cada una de las personas profesionalizadas que están deprimiéndose, amargándose, resintiéndose porque se han creído el mandato social de “si no eres famoso, exitoso, con un puestazo de trabajo antes de los 25 años, no eres nadie y tu vida estará llena de fracasos” Es un llamado a esas personas que por tomar decisiones apresuradas (casarse, aceptar un contrato, cláusulas de permanencia, casos, dinero mal intencionado, etc.) han cometido un gran error en sus vidas y por estar pendientes del ‘qué dirán’ se aguantan una vida de mentira y engaño (autoengaño a mayoría de las veces) Es un llamado a la responsabilidad que cada uno y cada una asumimos desde el día en que aceptamos estar en este mundo de manera vital.

 

Nuestra Receta para Sentirme Bien

El sentirse bien requiere de:

  1. Disciplina, paciencia, persistencia, gran fuerza de voluntad en los proyectos emprendidos;
  2. Valentía para creer en sí mismo,
  3. Persistencia y balance en las relaciones con los otros,
  4. Moderación en la diversión,
  5. Creatividad, capacidad recursiva y empatía para saber decir las ideas
  6. Espíritu de aventura, espontaneidad y una que otra travesura para convivirse en pareja
  7. Y por último, no menos importante, actuar siempre como si alguien estuviese mirando mis acciones y por tanto me impida caer en el orgullo o despotismo si triunfo, o me impida caer en la desesperación si fracaso.

 

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