Manuela está enamorada

Edición: Psicóloga Carolina Guzmán Sánchez ||Encuentrame en Doctoralia
Modelo: Eli Luna || Fotografía: Carolina Guzmán “Alias”Carol J Angel

 

Este fin de semana he estado con Manuela en la piscina. Me está haciendo un bikini de ganchillo de color blanco, para que resalte el moreno de la piel en verano. Y me ha estado contando lo ilusionada que está, no deja de sonreír, le brillan los ojos y no se cansa de hablar de Manuel. ¡Manuela se merece que la quieran mucho, y bien, después de todo lo que ha sufrido en su vida! Así que ojalá que el amor le sonría, pasito a pasito, porque ella está muy enamorada pero aún no está preparada ni para agarrar del brazo a su pareja y salir a la calle juntos.

 

En verano, cada fin de semana se celebran las fiestas patronales de los pueblos de la zona. Y Manuela, que conoce gente en muchos pueblos, ha ido a todas las que ha podido. Va con su amiga Claudia, con quien se lleva estupendamente, porque las dos han pasado por momentos horribles en su vida. Se entienden entre ellas, se apoyan, se animan y se cuidan.

Además, Manuela es muy tradicional, y aunque está conociendo a un hombre, prefiere que él vaya a la plaza mayor con sus amigos, y la encuentre allí mientras ella baila con Claudia al ritmo de la orquesta municipal.

Manuel es el hombre del hombre al que está conociendo, después de 10 años sola, y tras haber aguantado 36 de ex marido.

Manuel y Manuela son de pueblos vecinos. Él es viudo, y aún lleva en una medalla en el cuello, una fotografía de su esposa fallecida hace 5 años. Ella por un lado del colgante, la Virgen por el otro. La Virgen se la llevó para estar con ella y que le hiciese compañía, era una buena mujer. Manuel solamente dice cosas bonitas de ella. Después de 5 años le ha costado mucho, pero ha decidido que es el momento de dar un paso más y de conocer a Manuela. Dice que cuando la vio por primera vez, hace ahora unos 2 años, sintió lo mismo que cuando vio a su mujer.

Su familia cuenta que Manuel estaba en un pozo, ahogándose por la pena, la soledad y la tristeza. Que cuando su mujer vivía era otro hombre, lleno de energía, atento con ella, cariñoso, siempre dispuesto a lo que hiciera falta por ella. Pero desde que murió, Manuel ha ido marchitándose como una flor en otoño que con el frío, cada vez está más mustia.

En una de sus escapadas con Claudia a bailar en la plaza mayor de un pueblo vecino, Manuela se encuentra con su hija pequeña. La menor de los tres hermanos es la más conservadora también.

Manuela ya le ha contado a sus dos hijos mayores que hace 2 años que conoce a un hombre pero que solamente hace 2 meses que se han decidido a dejar que surja el amor entre ellos.

Esa noche Manuela está especialmente contenta, y guapa. Lleva unos pantalones blancos muy ajustados que le resaltan el moreno de su piel. Y las sandalias rojas le hacen juego con el top del mismo color. Al ver a su hija en un rincón de la plaza se acerca a saludarla. Le cuenta que quiere presentarle a alguien, y la joven se escandaliza de que su madre pueda estar conociendo a un hombre.

En realidad, a lo que le temen los hijos de Manuela es a que no sepa elegir bien, a que vuelva a equivocarse y se deje embaucar por un hombre como su padre, que durante 36 años de matrimonio solamente ha aparecido por casa para pegar, insultar y gritar. Por eso su hija le dice a Manuela que ella ya no está para andar como una niña de quince años, conociendo hombres y enamorándose. Que recuerde que tiene tres hijos y cinco nietos.

Manuela dice que sus hijos siempre van a ser lo primero. Pero ahora que ya están los tres grandes, cada uno viviendo fuera de casa con su pareja y haciendo su propia familia, ha llegado el momento de que ella siga viviendo.

Tras una vida dedicada a un marido que no la merecía y a criar a salvo a tres retoños que ahora son su alegría, Manuela es feliz cocinando para ellos en las reuniones familiares y llevando a sus nietos a jugar al parque mientras ella teje. Pero también los nietos van creciendo y haciendo sus vidas con sus amigos. Cuando Manuela cierra por las noches la puerta de su casa, se sienta sola en el sofá a ver la televisión porque no tiene con quién conversar. Allí se hace algo rápido de cenar y come frente a la pantalla, respondiendo a los personajes que van apareciendo.

Aun es pronto para que Manuel entre en su casa.

Lleva 10 años sola, y no tiene prisa por meter a otro hombre en su dormitorio.

Manuel tampoco está preparado, porque aunque hace 2 años que la conoce no ha sido hasta este verano que se ha decidido a dar un paso más.

Manuela no deja de pensar ilusionada en las fiestas de su pueblo. Son las últimas del verano, ya empiezan a refrescar las noches y cae alguna tormenta que refresca el ambiente.

Se ha comprado un traje típico regional de la zona donde vive. Es de color naranja intenso, y ha buscado todos los complementos a juego, hasta las flores del pelo. Está deseando estrenarlo en las fiestas y salir a pasear por la calle principal y a bailar en la plaza mayor con Manuel. Lo cuenta sonriendo. Pero dice que aún no está preparada para ir agarrada de su brazo por la calle, que ya tendrán tiempo para ir más rápido.

 

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