Espíritus divinos del poder supremo

Artículo Narrativo No.010 – 27 de junio de 2022

Por Kominsky*

En Copacabana la temperatura del Atlántico es tan baja en la madrugada como en cualquier hora del día, pero digamos que eran 4 o 5 de la mañana. Aun oscuro, apartado de los senderos de luz, solitarios taxis a velocidad de caza quiebran el silencio de los puestos de playa que con sus cajas medio rotas y vacías, se perciben en pausa.

Estaba agotado, mis pasos no percibían el gélido vaivén de las olas diluyéndose en la arena por lo que decidí volver al templado cemento. No recuerdo como, quizás producto del cansancio o mi transitoria capacidad sensorial, llevaba conmigo una botella de contenido indescifrable a 4 sorbos de agotarse.

Torpe pero con rumbo definido, trepe las escaleras al tiempo que percibía voces en un intercambio entre visceral y declamatorio.

Un gesto, una palabra, una mirada, un silencio. Todo puede tornarse una declaración de intenciones y ciertamente un estímulo natural me impulsaba hacia allí y el allí me absorbía.

Dos chicas intentando prevalecer una sobre la otra. Mi presencia encajaba como el justo tercio de equidad.

Rápida de reflejos una de ellas tomo mi botella y como un golpe imposible de esquivar increpó “vamos moleque, acorda a mente desta agnóstica” – vamos chico, despierta la mente de esta agnóstica -.

No me dio tiempo siquiera a hacer algo innecesario, presentarme. El debate giraba alrededor de la creencia bahiana y los Orixas frente al escepticismo terminante de su interlocutora.

La trama fascinante, narrada con argumentos que hacían equilibrio entre la fábula y la certeza, apoyados por una dialéctica dominante y provista de recursos, no daban espacio al menor fundamento en dirección contraria.

Racionalmente intente situarme en contexto. Brasil se compone de una vasta extensión territorial en la que coexisten diferentes credos, pudiendo tomar el estado de Bahía como el más devoto y singular.

Mucho se ha escrito acerca de la irrupción de los esclavos africanos en el nordeste brasilero y sus creencias religiosas de notorio contraste a la idea cristiana de los portugueses.

Entre otros dogmas, sostenían que los Orixas eran espíritus divinos enviados por el poder supremo para socorrer a la humanidad y prepararlos para progresar en la tierra.

La cultura Yoruba se comprende de un universo con mayor amplitud a cualquier intento de síntesis, un cumulo de creencias e instrumentos filosóficos infinitos.

Por esa razón, lograba interpretar la vehemencia de esta chica sugestionada por sus convicciones.

Los argumentos iban de un extremo  otro y en contraparte las refutaciones se centraban en el derecho a disentir, en apoyar los fundamentos en la libre elección de credo y la capacidad individual de sentir o seguir los principios individuales de la fe. Sostenía que la fe es un derecho intrínseco e ininteligible que debe contar por capacidad propia con la consideración del prójimo.

Eran posiciones absolutamente opuestas pero cada una provista de un sustento inalienable.

En un momento, en un indicio de cierre, la chica que atropellaba cada pensamiento que iba dirección contraria a su idea, cito palabras de Jorge Amado “Ser bahiano es un estado del espíritu” y enseguida sentencio con una frase propia de la doctrina africana “No juegues con los santos que te quemas”, reventó la botella contra el silencioso pavimento y se perdió entre la oscura noche con destino a la nada, o quizás a los brazos de Xangó.


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*Kominsky, nacido en Uruguay lector, articulista y narrador de raíces profundas en lo etérico. Ecléctico como pocos, comparte su punto de vista con nuestros contenidos.

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