Encuentran a Hunter S. Thompson baleado por su talento.

Articulo Narrativo No.001 – 20 de Octubre de 2020
Por Kominsky*
Hunter S. Thompson
Fue justamente el día antes al 25 aniversario de la Revolución Sandinista. En Managua, los postes que alternan hora y clima marcaban 31°, el ambiente de un nuevo pero nostálgico festejo hervía al igual que la sensación pegajosa de moverme en un “fusca” alemán del año 74 que ya no le funcionaba el aire. Promediaba el medio día y aun por visitar la última librería de la lista, el fracaso contrastaba al rancio espíritu triunfalista del exterior. Estacioné, apagué un cigarro en la estrofa final de una canción de Mejía Godoy que sonaba en alguna esquina cercana, entré a la librería El Parnaso y sin siquiera saludar, inmerso en una íntima liturgia de buscar y no dejar que busquen, el instinto y la memoria de quien va una y otra vez al mismo lugar me impulsaron frente a la escuálida estantería de literatura universal en procura de un específico ejemplar de Kurt Vonnegut.
Hunter S. Thompson
La vista apuraba los dedos, avanzando de izquierda a derecha y retrocediendo en obstinado movimiento una y otra vez, en una búsqueda inicial por apellido para luego menospreciar la inteligencia del librero al intentar por nombre, no halle más que la nada. Era todo, pensé. Pero con la intromisión de un gran hermano de Orwell, escuché mencionar en voz alta y tono complaciente “me llego uno de Hunter,  Diarios del Ron  por editorial Anagrama”, refiriéndose a Hunter como un viejo conocido de los tumultuosos años pre-revolucionarios. Así, llego por primera vez un ejemplar del Dr. Hunter S. Thompson a mi derrotero como lector, bajo esa regla personal de leer todo lo que me es sugerido pero esta vez con un autor que transformaría mi criterio de lectura y mi interés obseso por encontrar en lo desconocido las respuestas que buscaba en ese momento. Mi primer descubrimiento sobre Hunter S. Thompson trataba de un escritor norteamericano nacido en Louisville en la década del ’30 y no un viejo camarada de mi librero. La segunda, que aquella <S> en medio, correspondía al nombre de Stockton, Hunter Stockton Thompson. De allí en más, lo que llego después, forma parte del devenir obsesivo que despierta un escritor donde su talento es tan significativo como el personaje creado alrededor de su obra y existencia.
Hunter S. Thompson
Thompson escribió sobre deportes, política, expresiones culturales y otras no tanto, pero por encima de todo, escribió sobre la realidad de su época con la crudeza  de un inconformista congénito. Engendró un personaje alienado, apólogo de las drogas, alcohol y otros excesos que en suma, termino devorándolo y del cual nace un movimiento llamado Periodismo Gonzo, haciendo pedazos el guión de la época, suplantando el narrar la noticia por insertarse en la misma y ser parte desde dentro, influyendo y hasta a veces transformándola. Viajo a Puerto Rico como periodista de deportes y terminó escribiendo la que sería su única novela “Diarios del Ron”. Se infiltro durante más de un año en los Hell’s Angels, motoqueros considerados por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos como una organización criminal, experiencia de la cual se valió para en lo que en inicio sería un artículo, resultara en un escrito de 60 páginas y finalmente un libro. Precisamente Los Ángeles del Infierno: Una extraña y terrible saga, colocó a Thompson bajo otra  visibilidad y mas allá de su insistencia en declararse estafado por sus editores, el camino que le siguió a su frenético estilo narrativo lo encontró trabajando para Scanlan’s Monthly. Allí publicó una acida crítica al circo social que rodea el Derby de Kentucky, se sumó luego la revista Rolling Stone, Playboy, Esquire, Time y Cyrcle Word, por nombrar algunas. Pero ciertamente su paso por Rolling Stone y el editor de la revista Jann Wenner, colocaron a Thompson en un espacio creativo que marcaría sus próximos años entre la polémica y sus denuncias al frustrado o en sus propias palabras inexistente sueño americano, como muy bien lo refleja en su aventura de ribetes surrealista “Miedo y asco en Las Vegas”. En 1971 se postulo como candidato a Sheriff de Aspen y sobre ello publicó el articulo “La Batalla de Aspen”. En suma, perdió por una diferencia de 29 votos mientras todo parecía transcurrir sumergido en un tema de Lou Reed,  “Walk on The Wild Side”. En ese nivel de vivencias y hechos que luego se diluyeron en la pócima que cada interlocutor acrecentó -u obvió- se ha pergeñado un retrato que a la vista de los acontecimientos está intrínsecamente ligado a la realidad del personaje. Thompson sedujo el límite y cargó con él durante un sinuoso trayecto al que interpretó como su vida, llevando entre su equipaje actores centrales de la vida política y social norteamericana. Abocado a las internas presidenciales del partido demócrata del año ‘72, intervino una vez más con sevicia e imaginación, para instalar en el comentario general que el candidato Edmund Muskie había repatriado de Brasil médicos que le suministraban “Ibogaina” (alcaloide de efectos alucinógenos) los cuales sumados a la actitud errática de Muskie en la campaña, terminaron por situar al periodista en un rol incidental en la decisión partidaria.
Hunter S. Thompson
Siguiendo su instinto “Gonzo”, cubrió  la campaña presidencial con un apoyo axiomático al candidato demócrata George McGovern en contraposición a su oponente ideológico Richard Nixon. En aquella oportunidad, abofeteó con su máquina eléctrica la postura y acción del Presidente Nixon y del Ex Secretario de Estado Henry Kissinger por la guerra de Vietnam y los incidentes en la Universidad Estatal de Kent State, Ohio. Hecho que también reflejó el canadiense Neil Young en su composición Ohio. Partidario de los aspirantes demócratas desde tiempos y candidaturas de los hermanos Kennedy (confiaba en ellos afirmando que finalmente se demostraba que se podía gobernar por el día y salir de fiesta por las noches), alcanzó su punto más alto al hacer ostensible su afinidad al postulante presidencial del ano ’76 Jimmy Carter luego que este anunciara su candidatura haciendo mención a una canción de Bob Dylan, Maggie’s Farm.
Hunter S. Thompson
Así funcionaba Thompson y así fue transitando su periplo narrativo, devoto de su espíritu y de las mujeres, entusiasta impulsor de la velocidad y las armas, esa que finalmente emplazó su destino de la manera más obvia a su conducta. Un 20 de Febrero de 2005, luego de hablar con su segunda esposa mientras en la habitación contigua se encontraba su hijo Juan, Hunter Stockton Thompson se quito la vida utilizando una de sus 22 armas, una calibre 45 que por un momento, le arrebato algo más que el acostumbrado protagonismo.
*Kominsky, nacido en Uruguay lector, articulista y narrador de raices profundas en lo etérico. Ecléctico como pocos, comparte su punto de vista con nuestros contenidos.

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