¿Los buenos son de malas en el amor?

Edición y fotografía: Psicóloga Carolina Guzmán Sánchez
Redacción: Ingrid Gómez @IGProsperlove

 

Al ser buenos con nosotros, seremos más amables, comprensibles, no nos maltrataremos, si hacemos algo bien nos felicitaremos, si cometemos un error, nos daremos ánimo, y sobretodo, tendremos fe y creeremos en nuestras capacidades.

 

Una creencia popular que está marcada en muchas personas es: “sí eres bueno, te quieren” o tal vez mejor: “para que te quieran debes ser bueno”. Muchas personas desde que son niños comienzan a crear fórmulas “dar muestras de bondad = recibir afecto” que aprenden en muchos casos por tener padres que manipulan a sus hijos con el: “si me obedeces te quiero, si no, no te quiero” o en hogares con muchos hermanos entonces el niño o niña elije no ser una carga sino que con su obediencia ayuda a sus padres y con ello le cree que le querrán más, o cuando falta uno de los padres el/la hijo/a decide portarse bien a fin de ayudar y siendo responsable se sentirá más importante y querido.  Otros niños sienten que son reconocidos por sus padres más por sus logros académicos o cumplimiento de labores en casa, que por ser ellos mismos, lo que los lleva a buscar el afecto gracias a su buen desempeño.

Seguramente en ambientes familiares y educativos la obediencia sirve y funciona, pero para aspectos sociales, afectivos e incluso laborales, la ecuación “si soy bueno y obediente = me quieren”  solo traerá un resultado negativo.

Lo cierto es que el “si soy bueno y obediente = me quieren” no es una ley sino una creencia,  por el contrario, “el fuerte vive del débil” desafortunadamente sí es una ley de la biología, así que las personas en extremo obedientes suelen ser utilizadas por otros. Además no reciben mucha importancia a sus necesidades personales ya que como siempre están dando se cree que no necesitan recibir, al no recibir la persona se va cansando, resintiendo e incluso deprimiendo de sentirse usada y que no se le da a cambio el reconocimiento, valor, lugar, amor que en el fondo es lo que está buscando.

En relaciones afectivas, la persona demasiado obediente o “buena” con su pareja, lo que comúnmente hace es comprar cariño a través del cuidado, cariño, compañía, favores, incondicionalidad, entendimiento, atención, ayuda, apoyo, favores sexuales y más.  Su pareja al principio le gusta recibir, luego pueda que se comience a malcriar (no necesariamente por ser una persona egoísta, cualquier humano puede malcriarse si recibe demasiado) y se vuelva en un ser caprichoso que entre más recibe más quiere y menos le satisface, deja de pensar en las necesidades del otro creyendo que no necesita.

La persona buena, busca ser imprescindible para su pareja, así que desde el comienzo de la relación hace mucho por el otro y hasta le realiza actividades que al otro le corresponden, esto lo hace porque en el fondo tiene una baja autoestima y cree que no le querrán por ser  el o ella, sino que tiene que hacer mucho para sentirse merecedor de afecto.  Su pareja contrario a lo que se espera, comienza a acomodarse en esta posición, y lo que hace es de alguna forma consciente o inconsciente aprovecharse de su capacidad de dar.

La persona obediente se va cansando con el tiempo y ya comienza a pedir que le de lo que con su exceso de bondad ha comprado, como atención, caricias, compañía, importancia, demostraciones de afecto, y puede ahora crear una actitud quejambrosa, de continuo reclamo.  Su pareja le puede ver débil e incluso como una víctima y le  lleve a ignorarlo, rechazarlo y en algunos casos se da cuenta que es tan grande la deuda energética que tiene con el otro, y que no sabe como devolver tantos favores, que prefiere huir.

Las personas obedientes y buenas corren un altísimo riesgo de no ser percibidas como pareja, sino como amigos, el gran riesgo es que se puede fraternizar la relación.  En temas de pareja, es necesario mantener viva una llama atractiva entre novio – novia, esposo – esposa. Gran parte de esta llama es encendida por una sensación de riesgo que produce el otro, ver a él o a ella que tienen su propia vida, contextos individuales, se encuentra con personas del trabajo, de la vida, hace que la pareja esté alerta y quiera “marcar su territorio” y lo hace a través del sexo, las caricias, las atenciones, el estar pendiente del otro. Igualmente, cuando alguien usa gran parte de su energía en sí mismo, se percibe más magnético.

Pero al sentir tan segura a su pareja, quien siempre está pendiente de él/ella, esa necesidad de “marcar” se reduce, así como la capacidad de sentirse atraído/a  por esa persona “tan buena”.

Entonces ¿son de malas las personas buenas? No. Los que son de malas son los que son excesivamente buenos con otros, las personas que saben el verdadero sentido de bondad son de buenas en el amor.

Así que entendamos el verdadero sentido de la bondad. Ser bueno, es fluir desde el amor, no desde el ego temeroso que cree que debe comprar cariño. El que es positivamente bueno, y sabe fluir desde el amor sabe que TIENE QUE SER BUENO CONSIGO MISMO, y estando bien con uno mismo, puede fluir positivamente con otros.

La clave está en dirigir la energía de la bondad primero hacía la vida personal, dar lo mejor para sí mismo, no desde el ego ya que serían actos egoístas, sino desde el amor, que se convierte en dignidad, autoestima y merecimiento.

Ser buenos con nosotros mismos nos lleva a que escojamos lo mejor para nuestra vida, como situaciones, personas, relaciones etc.  Tenderemos a elegir parejas que nos saben tratar bien y nos dan importancia sanamente como merecemos. Si somos bondadosos con nosotros, no vamos a estar con personas que nos hacen daño o no nos valoran o quieren recibir y no dar en las relaciones.

Ser buenos con nosotros, nos dirige a ser más asertivos, donde podemos saber hasta donde damos pero en donde colocamos el límite cuidando y atesorando nuestra energía.

Cuando somos buenos con nosotros, nos sentimos llenos, y no tenemos esa sensación de descompensación o desgaste por haber dado sin recibir nada a cambio.

Al ser buenos con nosotros, seremos más amables, comprensibles, no nos maltrataremos, si hacemos algo bien nos felicitaremos, si cometemos un error, nos daremos ánimo, y sobretodo, tendremos fe y creeremos en nuestras capacidades. Siendo buenos con nosotros estaremos convencidos que nos merecemos lo mejor y lo buscaremos, y cuando lo tengamos lo agradeceremos y disfrutaremos.

Llenos de bondad ya que no la hemos dado, generaremos bondad desinteresada y de esa manera, seremos amorosa y sanamente buenos con otros, daremos ayuda, atención, afecto, comprensión etc desde el amor, no desde el ego, así que entendemos el equilibrio sano de dar y recibir.

La bondad dirigida a nosotros, nos hace sentir llenos de amor, y sentirnos llenos de amor nos lleva a ser más armoniosos con la vida y con los demás, lo que otros percibirán como agradable y atractivo, entonces, cuando somos buenos con nosotros no tenemos que comprar cariño, sino que nuestra apariencia auto bondadosa,  se vuelve magnética y hace que los demás nos quieran, nos valoren, nos reconozcan.

Estamos tantas veces de parte de otros, que se nos olvida estar de parte de nuestro propio equipo, y tenemos que estar de nuestro lado. ¿y tú, a que equipo perteneces?

Así que ahora, cada vez que tengas un pensamiento, actitud, acción, elección, pregúntate si con eso estás siendo bueno contigo, y comienza a escoger lo que te hace bien!

 

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