Estudiando en la biblioteca

Edición: Psicóloga Carolina Guzmán Sánchez ||Encuentrame en Doctoralia
Modelo: Eli Luna || Fotografía: Carolina Guzmán “Alias”Carol J Angel

Tiene una sonrisa bonita. Y un aire divertido que le ha cautivado. Se ve una chica interesante. ¿Y si por un día se deja llevar?

 

En aquella calurosa mañana de julio, se levantó como cada día antes del amanecer. Le gusta aprovechar ese soplo de brisa fresca que se respira a esas horas para salir a correr por la ciudad cuando aún no despunta el alba, cuando las calles duermen y el calor da tregua.

La biblioteca municipal abre a las 9:00 en la mañana. Está en una zona de jardines, junto al río, y es pequeñita.

Precisamente ahora en julio pasan días y días sin que nadie cruce el umbral para rebuscar entre los estantes en los que se acumula el polvo.

Él es un chico sano, fuerte, aplicado, responsable, puntual, y guapo también. Cada mañana sale de casa tras haber usado la ciudad como pista de entrenamiento, y tras una ducha muy fría y un buen desayuno va mordiendo una manzana hasta los escalones de la biblioteca, donde se sienta 5 minutos esperando a que abra al público.

Julio es un desierto en la ciudad, el calor parece que quiere derretir el asfalto, los neumáticos de las ruedas de coches y motos quieren quedarse pegados al suelo abrasador, incluso a la sombra, el calor es una tortura para la que están preparados solamente los insectos.

A él le gusta especialmente este mes en la biblioteca. El aire acondicionado mantiene una temperatura ideal, y a través de las ventanas insonorizadas puede ver el río.

Estudia solo desde primera hora. Hace meses que viene y ya va conociendo la cara de los habituales. Esta mañana está solo, y se pone cómodo en su rincón preferido, desde el que tiene visión de la puerta, bajo la ventana pero sin luz directa que le achicharre, cerca del aire acondicionado que le refresca la nuca suavemente. Y precisamente hoy, que tiene toda la sala de estudio para él solo, justamente hoy, ha entrado ella.

Lleva el pelo corto como un chico, unas gafas de pasta que le sientan genial, y tiene la piel morena por el sol. Llega como un elefante a una cacharrería, y aunque no hay nadie más en la sala, que tiene todas las mesas libres, decide sentarse frente a él. Empieza a desperdigar sus cosas sobre la gran mesa de madera grabada con las iniciales de muchos estudiantes que se han sentado antes en los mismos asientos. Deja su bolso, del que saca el teléfono móvil y unos auriculares que enchufa. De la funda del ordenador extrae su portátil, y lo sitúa frente a ella, sobre la mesa. Se le caen las llaves al suelo, resonando en el vacío de la estancia. Y su botella de agua se derrama esparciéndose sobre la mesa.

Ella se disculpa acaloradamente, él, un poco irritado, intenta mantener la concentración en sus apuntes.

De los auriculares de ella se escapa un hilo de música ecléctica… suenan los Backstreet Boys primero, y Rammstein después. Son las 9 de la mañana, y él no viene mentalizado para esos cambios tan bruscos. Aunque al menos no se han llegado a mojar sus papeles con el agua de ella, está bastante molesto ante la interrupción de hoy.

 

Intenta concentrarse en sus apuntes, mantenerse ajeno a todo.

 

– ¿Qué estudias?

Levanta la cabeza. No hay nadie más en la sala, le está hablando a él. Su cara de niña, su pelo corto, sus gafas de pasta, sus ojos curiosos se han clavado en él tan fijamente que se siente intimidado.

– ¿Yo?

– No hay nadie más aquí.

– Preparo el examen de acceso al cuerpo de Jueces del Estado.

– Guau. Tiene que ser difícil.

– Si, lo es.

– ¿Y quieres hacer un descanso?

 

Son las 9:15. No quiere hacer un descanso. Quiere pasar las próximas 5 horas mirando sus temas, salir a comerse el bocadillo que trae consigo, andar entre los árboles para estirar las piernas, y enfrascarse en sus apuntes otras 5 horas más.

La mira. Tiene que contestarle. En décimas de segundo mil ideas pasan por su mente.

Ella es muy guapa.

Y ecléctica, la música que se escapa de sus auriculares da fe de ello. Es caótica y ordenada a la vez. Y también le gusta aislarse en las bibliotecas, como a él.

Tiene una sonrisa bonita. Y un aire divertido que le ha cautivado. Se ve una chica interesante. ¿Y si por un día se deja llevar?

 

– Vale, salgamos a sentarnos a las escaleras un rato.

 

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