Claudia llega a casa aterrorizada

Edición: Psicóloga Carolina Guzmán Sánchez ||Encuentrame en Doctoralia 
Modelo: Eli Luna || Fotografía: Carolina Guzmán “Alias”Carol J Angel

 

A sus casi 50 años, Claudia no deja de sonreír ni un solo momento. Y tiene más motivos para llorar que para estar alegre.

Se casó con Carlos Mario pensando que sería el hombre de su vida, que envejecerían juntos. Carlos Mario conducía un camión por todo el país, a veces pasaba semanas sin verlo. Ella dirigía un salón de belleza y estética en el que enseñaba a chicas a depilar con cera y maquillar a clientas.

 

Claudia se quedó embarazada, y dejó su trabajo por Carlos Mario. Renunció a su independencia, a su estabilidad y a su forma de vida por lo que ella pensaba que era amor.

 

Carlos Mario salía temprano con el camión los lunes, y a veces no volvía a casa hasta el viernes. En ocasiones, pasaba 10 días, o dos semanas, llevando mercancías de un punto a otro, comiendo en bares de carretera y durmiendo en la cabina del camión.

 

Ella, que siempre ha sido muy coqueta, lo espera en casa con dos bebés y los labios pintados. Pero cada vez, El pasa más tiempo afuera en sus viajes de trabajo.

 

Un día, mientras Claudia prepara la colada, descubre manchas de lápiz labial en el cuello de una camisa de Carlos Mario. Decide no darle mayor importancia. Piensa que igual es su propia barra de labios la que ha dejado esa huella en la ropa, al recibirlo tan efusivamente cada vez que él cruza la puerta. Aunque esa mancha es de color rojo, y Claudia siempre ha usado la misma barra naranja.

 

Claudia se olvida de ello, y sigue levantándose cada lunes de madrugada para despedir a su hombre.

 

Cada vez entra menos dinero en casa y la pareja ya tiene dos niños pequeños.

 

Claudia le comenta a Carlos Mario que ahora que la mayor va al colegio, y el pequeño está en la guardería, la abuela puede recogerlos y así ella podría buscar algo a media jornada, volver a su trabajo, dar clases particulares, o buscar algo como secretaria a media jornada en una oficina. Pero a Carlos Mario no le parece bien que una mujer ya siendo madre trabaje fuera de casa, cuando tiene un hogar que mantener, una compra que gestionar y unos niños que cuidar.

 

Recogiendo la ropa sucia que amontona en un rincón del dormitorio cuando llega de sus viajes, un encendedor* se desliza del bolsillo de un pantalón. A Carlos Mario le gusta el cigarrillo.  Siempre hay encendedores por la casa cuando de alguno se antoja. Pero este es diferente, porque es de un club de chicas.

 

Ella se arma de valor y le pregunta a su marido que cómo ha llegado ese encendedor a su bolsillo. Él podía haber inventado cualquier excusa: lo encontró en una gasolinera donde paró a repostar, es de un compañero al que pidió fuego y se lo guardó sin querer, o incluso haber dicho la verdad, que se lo dieron de recuerdo en el puticlub. Pero en lugar de eso, le grita a Claudia por buscar entre sus cosas, la insulta y la empuja con desprecio delante de sus hijos.

 

Claudia empieza a sospechar que algo anda mal. Claudia sabe que los compañeros de la empresa transportadora, con los años de servicio, obtienen beneficios y pasan más tiempo en casa. Carlos Mario viene poco, tarde, borracho, y oliendo a perfume de alguna mujer que desde luego no es el de Claudia. Con dos niños pequeños y sin ingresos propios, Claudia no sabe a quién acudir, con quién hablar, qué puede hacer.

 

Primero se esfuerza en mostrarse cariñosa y atenta.

 

Se culpa a sí misma de no haber sido capaz de darle a su hombre lo que necesita, y por eso él lo busca fuera. Saca su mejor lencería, prepara sus platos preferidos, y deja a los niños en casa de la abuela para buscar momentos de intimidad con Carlos Mario, que llega a casa tambaleándose por el alcohol, se burla de ella por su cuerpo tras dos partos y se deja caer en la cama para empezar a roncar en menos de 30 segundos. Ni siquiera se quita los zapatos.

 

Claudia decide que no quiere aguantar más y le reclama por el encendedor, el lápiz labial y el perfume de cuarta. Ese día, ella duerme en el hospital tras la paliza que su marido le propina. En urgencias Claudia cuenta que se ha caído por las escaleras. Pero su madre y sus hermanas pronto se dan cuenta de que no es capaz de mirarlas a la cara y explicar lo que ha pasado.

 

Con el cuerpo aún amoratado, Claudia llega a casa aterrorizada. Apenas duerme por las noches, entre el miedo a Carlos Mario y el dolor en el cuerpo. Ha decidido volver a casa de su madre con los niños y no darle oportunidad de volver a pegarle. Cuando le dice que quiere el divorcio, vuelve a ser ingresada en el hospital por los golpes que recibe.

 

El mayor miedo de Claudia es que Carlos Mario toque a los niños, y mientras intenta protegerse la cabeza de las patadas y puñetazos de su marido, él grita que tras matarla a ella abandonará a los dos pequeños en una gasolinera.

 

Por ahí no está dispuesta a pasar. Cuando puede volver a andar con normalidad, aprovecha una de las salidas de Carlos Mario para sacar a sus hijos, hacer una maleta con lo básico y buscar refugio en casa de su madre. La abuela está encantada con los nietos en casa, pero Claudia necesita un trabajo, la pensión de su madre no da para mantenerlos a todos.

 

Tras 10 años fuera del mercado laboral, con dos hijos pequeños a su cargo, y en el momento de la peor crisis en el país desde hace 30 años, Claudia no la tiene nada fácil. Encontrar algo a media jornada para compatibilizar con ayudar a su madre en casa se ha convertido en una tarea milagrosa.

 

…..
Sin un techo propio, sin un sueldo, con un marido que se niega a firmar los papeles del divorcio y a pasar una pensión alimenticia para los niños, viviendo en casa de su madre y con un horizonte muy borroso por delante, Claudia ha decidido que cada mañana, cuando se pone la barra de labios, se dibuja una sonrisa en la cara.

 

Ya ha pasado lo peor.

 

A pesar de todo, lo único que ha quedado es pintarse una sonrisa.

 

Encendedor* (sinónimo: Mechero, bricket, lighter)  Artilugio que contiene combustible para encender con fuego algún objeto.

 

 

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